NOCHE DE FRESAS Y RISAS

 

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“Solamente hay una Caro”

Aparece su silueta desde un costado del escenario. Se va. Reaparece del otro lado y huye. Las luces la siguen, la buscan hasta dar con la sorpresa de que ¡son tres! Llevan  vestidos floreados e idénticos y lucen el pelo muy largo y muy rubio pero ¿cuál es la verdadera? Enseguida se hace notar, con su particular forma de hablar y la expresividad exacerbada de su cuerpo. Ella es inigualable, señoras y señores, ella es Caro Pardíaco.

Anoche tuvo lugar en Plataforma Lavardén una Noche de Fresas, el espectáculo encabezado por Julián Kartún, Félix Buenaventura y Julián Lucero; un trío irreverente que se ríe en la cara de todo lo establecido, incluso del mismísimo concepto de humor. ¿Comedia tradicional? Nada más alejado de la impronta de estos tres personajes que te invitan a decirle adiós a los lugares comunes del mundillo de las risas. Adéntrate en lo que hacen en Welcome to Caro, no sin antes dejar en la puerta los prejuicios y convencionalismos.

El show empezó con éstas tres Caros que con torpeza desarrollaban una coreografía. Con cada paso rompían a carcajadas los esquemas de sensualidad construidos socialmente. Continuó con mayor intensidad e intencionalidad de destruir los parámetros de normalidad. Los estereotipos que explotaron tan exquisitamente estos actores no solo hacen reír, ponen incomodo, hacen reflexionar y quedan resonando.

La reina de la velada se presentó como solo ella sabe hacerlo. Para los que no la conocen, es una rubia delgadísima, unineuronal, hija de un papá empresario con muchos empleados, adicta a las selfies y a poner haches al final de las palabras. Muchísimos de los presentes anoche se ríen de ella y con ella desde su surgimiento en los micros de Cualca. Kartún usa y abusa de los modos, los gestos y las costumbres de este excéntrico personaje que se cree celebridad. Caro nace de la observación, es la imagen de minita que la sociedad y puntualmente el Barrio Norte de Buenos Aires le da al comediante. El público femenino, entre identificado y ridiculizado, estalló de risa con todas sus ocurrencias en una noche donde ella estaba más diva que nunca.

El dinero de papá le permitió a Pardíaco llevar a sus standuperos favoritos. El primero, Félix Buenaventura, quien puso todas las cartas sobre la mesa. Con decir que no se salvó nadie ni nada, ni siquiera los poni (Si, ponis). ¿Recursos? Una verborragia que se devoraba a los asistentes y una libretita negra, de donde leía sus pensamientos más oscuros, como la carta al taxista que le robó el celular que hizo que la gente se doblara de risa.

Le siguió Julián Lucero, quien puso un pie en el escenario y ya se lo había apropiado por completo. Tiene una forma un tanto peculiar de acercarse al público: despreciarlo, ofenderlo, maltratarlo. Sin embargo ese carisma también conocido como “ese qué sé yo” solo hacía que le devolvieran risas y aceptación. Sin anestesia, sin filtro, a Lucero fue absurdo, directo, rudo pero sobre todas las cosas muy gracioso. Él es la burla personificada.

La fiesta color fresa no se privó de nada. Inseguridad, sexualidad, paternidad, las empresas de papá, Macri, Juliana Awada, Obama y cuanto tópico se te imagine se deslizó por el ingenio y la creatividad del trío. ¿Recomendado? Claramente sí.

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