Tomorrow Comes Today: Black Mirror

blackmirror

Rompiendo cabezas desde el 2011, Black Mirror es el giro futurista que los no – amantes de la ciencia ficción no sabían que estaban esperando. Su creador Charlie Brooker (Dead Set) innovó en el panorama televisivo haciéndonos ver que nuestra tecnología ya casi pisotea los talones de un futuro cercano a 1984.

Black Mirror nos presenta historias sobre el crecimiento tecnológico y su impacto en lo social, pero la creación de un mundo distópico ya no necesita de robotinas y naves voladoras. Black Mirror lleva a las tecnologías un pequeño paso más allá de nuestra situación actual, o, en algunos casos, no la modifica en lo más mínimo. El anclaje de esta serie con sus espectadores se basa en el hecho de que cualquiera de estas historias podría ocurrir en cualquier momento. ¿Será que el mundo se parece más a la ciencia ficción o que la sociedad esta ficcionalizada?

El formato elegido contribuye a este todo puede pasar. No se nos presenta un solo mundo con sus reglas y tecnología, sino múltiples. Y no fue azar el hecho de realizar la serie en unitarios, capítulos que nada tienen que ver entre sí salvo por la temática general, en este caso la especulación sobre el impacto que la tecnología tendrá en nosotros. Cada entrega de Black Mirror es una creación cerrada sobre sí misma, con su mundo y sus personas, pero cada una pondrá al espectador en una situación incómoda provocando distintos sentimientos y reflexiones. Pues Brooker ha creado mundos con un uso incontrolable de la tecnología en sociedades cada vez menos críticas.

Como pieza audiovisual Black Mirror mantiene estándares de excelencia en sonido y fotografía, pero lo más destacable de este, es el trabajo que Charlie Brooker ha invertido en el guion, sembrando estratégicamente la información como para poder sorprendernos con un giro final o poder llegar al extremo sin forzar absolutamente nada. Brooker escribe en sus guiones exactamente una guía que tiene atrapado al ojo espectador y lo mueve según su propio placer.

Al comienzo de cada capítulo uno nunca sabe que es lo que va a pasar, y uno espera continuar con esa ignorancia durante todo el capítulo hasta que el final nos revele lo inesperado. Y, paralelamente a esta sensación, nos acompaña redoblando el sentimiento incómodo el hecho de que nos sentimos identificados con cada una de las historias de Black Mirror (ese espejo negro que podemos encontrar en cada pantalla) pues podrían convertirse en realidad.

Sin embargo, la tecnología no es la gracia total de esta serie, es el medio del cual se agarra Brooker para plantearnos cuestionamientos que llegan hasta lo profundo de la conformación del ser humano. Ninguna de las historias de la serie plantea el problema tecnológico como la verdadera causa de la desgracia o el temor. Siempre detrás de estas hay una sociedad hipnotizada, individualista, y a-critica que avala todo lo que ocurre a su alrededor porque no puede actuar al estar ocupada en el ver. Black Mirror es un espejo de cuestionamientos sobre: ¿Qué clase de personas somos? ¿Qué queremos ser? y ¿Cuál es el futuro que nos corresponde?, entre muchísimas otras.

Por Flor Martín > @florifish

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s