CHICOS CATOLICOS EN ROSARIO

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Un acontecimiento cuanto menos peculiar se dio en Rosario: El Auditorio Fundación se transformó en un colegio religioso. Si, así como estás leyendo. Como si fuera poca cosa este fenómeno, hay dos factores a tener en cuenta. Uno, sucedió en domingo (24 de abril). Dos, no se necesitó ninguna reforma ni acondicionamiento; bastó con cinco jóvenes para convertir el lugar. Se trató del paso -por primera y única vez – de los Chicos Católicos, Apostólicos y Romanos por la ciudad en el marco de la gira de la obra que tiene como protagonista un quinteto que la rompe. Nada más y nada menos que Emyliano Santa Cruz, Nicolás Maiques, Juan Guilera, Juan Paya y Agustín Sierra forman este elenco.

Ellos se ponen en la piel de Norberto, Álvaro, Sebastián y Elvidio; un grupo de alumnos de quinto grado en la escuela privada católica. Y Guido, un “casi angel” enviado por Dios con la misión de lograr que los chicos tomen la comunión y así ascender a los cielos, que los vigila muy de cerca.

La obra deja abrir una puerta a un viaje de intertextualidades varias, de metáforas exquisitas y desafiantes, de miradas provocadoras y críticas  y de mucha risa, como frutilla del postre. Entre carcajadas y humor, el espectáculo parodia al tiempo que rompe todos los esquemas y tira por la borda de la decencia y la sensatez todos los tabúes (religión, sexualidad, homosexualidad, muerte, la dualidad cielo/infierno).

 Se desarrolla en base a cuatro posturas infantiles sobre todas estas cuestiones, colmadas de inocencia, curiosidad, crueldad y desorden. El público es siempre participe; entra en un pacto tácito de complicidad con los actores. De un momento a otro, el espectador es un alumno más, sentado en su pupitre, riéndose de si mismo, de su propio pensamiento y de las atrocidades humorísticas de los que están en escena.

En esta escuela se pone en cuestionamiento todo, incluso desde la misma personalidad de cada niño.

Emyliano interpreta a Norberto, un gordito malcriado, de tono irritante,  digno representante de la gula y la avaricia. En su actuación, manifiesta lo peor del mundo infantil y adulto en cuanto a educación. Cómo niño, aprendió a llevarse todo por delante (a comerse todo lo que esté a su paso) a apreciar a sus pares por su dinero, a denigrar al que se encuentre por debajo de él. Como adulto, el personaje del padre Francisco enseña con la metodología del miedo y bajo la amenaza, cruza la linea y se pasea en el margen del abuso de menores. De intervenciones acidas y directas, Emyliano explota todo su  potencial y hasta el recurso más simple como una dentadura falsa en su rol de niño es un deleite para los asistentes.

Nicolás  encarna a Álvaro y roza los pecados de la lujuria y la soberbia. Inescrupuloso, su personaje juega con el deseo sexual, se señala y señala a los demás con irreverencia, se reconoce, se pone en tela de juicio. En su parte como mayor, es una monja histérica, exacerbada, abochornada en búsqueda del “pingo” que le falta al angel que dibujó. En varias ocasiones su histrionismo y carisma se robaban la escena. Su expresividad era la vedette de su desempeño actoral.

Juan Paya es Elvidio, un niño aparentemente desentendido, ingenuo, el que sigue al resto. Se destacó por la antítesis que significan sus personajes, ya que como adulto y profesor es un simpatizante del castigo, un cruel sentenciador del pecado y un empecinado en asexuar la sexualidad. Los tonos de voz fueron su mayor y mejor estrategia para variar los personajes.

Juan Guilera es Sebastián, un nene fantasioso, con facilidad para asociar todo a la ciencia ficción, a los superpoderes y heroes o villanos. Corruptible, es la carnada perfecta en ese mundillo de ambigüedades, dudas y conservadurismo. En su rol de adulto es profesor de música, un hombre serio, que habla en italiano (nunca falla el idioma entre extranjero e inventado).

Por último, pero no menos importante (nunca jamas mejor utilizado) Agustín está en la carne del portero, como su único personaje. Interactúa tanto con los jóvenes como con las autoridades de la escuela. Quejoso, cansado, conciliador, consejero. De su escoba nacía una guitarra y viceversa. Sus monólogos con Dios hacen llorar de risa, en un muy bien logrado intento de mezclar actualidad, con la biblia, la farándula y demás.

Plagada de intervenciones geniales, comentarios ácidos, situaciones inolvidables y frases dignas de viralizar, la obra fue merecedora de los aplausos y risotadas que se dieron a lo largo de la hora y media de duración.

Agustín Sierra, Guido, charló con Casi Todos dias antes de la función. Escucha lo que dijo acá:

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