Julio Franchi: “Mi vida se resume en mi música”

JF

Desenvuelto y auténtico, Julio Franchi charló con Casi Todos para abrirnos las puertas de lo que hay detrás del músico rockero. Sin miramiento alguno, habló de lo que le gusta y no de la música; como fue el encuentro con su vocación, sobre el agrado de saber su proceso creativo lo único constante en su vida, su infancia y la influencia de Fito y Charly.

Nací en el año 1981, un 9 de junio. 9 del 6, cosa que me gusta: el nueve es mi número, y el seis me cae bien porque es como un primo. Soy de Rosario. Mis viejos son Miguel Franchi y Ana Lila Gianelloni . Tengo cuatro hermanos, pero somos tres del matrimonio de mis padres: María, Felipe y yo. Rosario Giménez es la hija de mi mamá y Diego Franchi que es mi hermano mayor, hijo de mi viejo, que vive en Australia. Hasta los cinco años viví cerca de La Siberia pero los recuerdos de esa época se me confunden con fotos. Después nos mudamos por Pasaje Edison, en zona sur, ese es como MI lugar. A dos cuadras del Parque Sur, que para mí es de los mejores lugares del mundo. Pero, en un paréntesis, en quinto grado me fui a Firmat, donde mi viejo daba clases de teatro. Viví dos años increíbles ahí. Dejábamos la bicicleta en cualquier lado y no pasaba nada.

Jugaba a la pelota en el Firmat Football Club. Después me enteré que era el club cheto del pueblo, era como el Newells, tendría que haber jugado en el Argentinos de Firmat. Igual tengo muy buenos recuerdos, lo que me hace pensar que hay mucha gente de Nob muy agradable. Lo que más me interesaba era jugar al futbol, no pensaba en la música. Mis viejos hacían teatro, pero para mí era normal, no pensaba en el arte. Quería ser jugador de futbol. Tuve una hernia y me operaron, cuando volví a jugar después de un tiempo – era de los capitanes, jugaba bastante bien – de  pronto estaba perdido, hablaba solo, me distraía, la mente se me iba para otro lado. Me transformé.

PH Pablo Beretta

Cuando nos vinimos a vivir a Rosario, estaba en séptimo grado, quise jugar acá y no me gustaba para nada la onda rosarina. Entonces al toque dejé de pensar en el futbol. Y de golpe, un día escuché a Fito Páez. En realidad ya lo había escuchado una vez en Firmat, prendimos la tele antes de ir a la escuela  y estaba Tumbas de la gloria. Vi el video, no me cayó bien el pibito que corre, me pareció medio cheto, no le di mucha bola. En un cumpleaños de mi tío, hermano de mi vieja, ella le regaló El amor después del amor. Me acuerdo del momento en el que le dio el disco. Yo ni bola, lo único que me gustaba de música en ese entonces era la música que escuchaba mi viejo, la música de la vuelta a la democracia.  No la disfrutaba por una cuestión propia, repetía.

Una vez fui a la casa de mi tío y él no estaba. Estaba la chica que era empleada y parte de la familia. No sé cómo terminamos escuchando el disco de Fito Páez. Yo quería escuchar Brillante sobre el Mic, que es casi el último tema, entonces entramos a pasar del uno, el dos, el tres, iba pasando y yo me iba poniendo loco. Una revelación que pocas veces he tenido. Ahí dije “yo quiero hacer esto”. Cuando volví a mi casa me puse a componer temas a capela, sin saber tocar.

Mi viejo me dijo que me anote en la escuela de música y al bachiller de la escuela de danza. Agradezco eso, porque yo quería ir a una escuela del barrio a la que fueron todos y no entré por el radio de la distancia. En esa escuela lo conocí a Alejo Castillo, que es mi amigo hasta hoy y con quien después formé Hermosos Perdedores. Conocí a Mauro Digerolamo también. Ahí me metí de lleno en el mundo de la música, tuve clases con Carlos Casazza que me enseñó los primeros acordes. Y no paré nunca más.

PH Pablo Beretta
PH Pablo Beretta

Toqué por primera vez el 20 de diciembre de 1997, en el patio de una casa. Tenía 16 años y tocamos todos temas míos. Eso es lo bueno, desde el principio canté temas propios. Nunca hice covers salvo de Charly, que me gusta y alguna vez que destruí a Cerati, una vergüenza, algún día me voy a reivindicar. Y por primera vez en un teatro toqué en La Manzana, en calle Entre Ríos y Mendoza, fue una noche gloriosa.

Hermosos Perdedores la había formado con el músico y actor Julián Sanzeri y Gerardo Capurro. Ellos como vieron que yo tenía temas me llevaron a tocar a la casa de Gerardo, nunca había tocado con guitarra eléctrica y batería. Después entran Mauro Digerolamo y Alejo Castillo. Nos limamos un toque porque hicimos un montón de cosas pero era la época del Menemismo, después de la Alianza y era imposible grabar. Toqué con Hermosos Perdedores hasta 2006.

Todo este tiempo me dediqué a esto, mi vida se resume a esto. No me gusta trabajar en empleos comunes. Una vez vendí leche en el 2001, con todo ese quilombo la leche se disparó muy cara. El marido de mi vieja compraba leche en un tambo. Salía con una bicicleta de reparto, vendía por zona sur, me metía en la villa, en los fonavis de Grandoli y Gutiérrez. Ganaba diez pesos. No estaba todo el día, arrancaba a las siete de la tarde. Me levantaba a las seis de la tarde en esa época porque me quedaba grabando de noche, soy noctambulo. Laburé también de verdulero, un poquitísimo tiempo, en El Tigre, tenía un familiar que estaba ahí. Tuve dos trabajos nobles. Me faltaba ser plomero y era el sueño erótico de más de uno.

Me gustaría desmitificar un poco al artista. A veces lo escucho al Indio Solari que habla como si fuera presidente y digo “loco, a vos en el fondo no te gusta laburar, te gusta tocar la guitarra”. Está bárbaro, pero no me la cuentes como súper sacrificio. Sacrificio es levantarse a la mañana, como dice Maradona, a hombrear bolsas al puerto. Uno es respetuoso de la profesión, yo aprendí de mi viejo a ser honesto. Entonces, cada vez que hago algo le doy todo lo que tengo. Soy responsable y pienso las consecuencias que puede tener. Canto y levanto la voz, por algo lo hago. Me la rebusco para poder vivir de tocar.

Actualmente estoy editando Disco 0, que en realidad es una recopilación. Resume mis dos discos anteriores y tiene cinco temas nuevos. Lo voy a sacar en Buenos Aires porque Rosario es muy chiquitita en comparación de toda la gente que pretendo que me escuche y desde Buenos Aires puedo llegar a otros puntos del país. Yo soy muy optimista. Veo a los pibes de 20 en adelante que no están en la boludez del Boca – River, que escuchan mucha música y le dan cabida a mis canciones. Hay que estudiar e investigar, no es solo lo espontaneo y nada más. El arte también es pensar para quien lo estás haciendo, es re careta decir “no hay que pensar en nada o en lo que sentís. Obvio que voy a escribir lo que yo siento pero ¿Cómo no voy a pensar para quien lo voy a hacer? Sino, me cantaría a mí mismo y chau.

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