Un hombre alado

El viernes 4 de septiembre se cumple el primer aniversario del fallecimiento de Gustavo Cerati. Por eso, Casi Todos te propone un viaje entre la reflexión y el recuerdo; un sentido repaso a su carrera, a su imagen, a su música y a su legado.

Un hombre alado, extraña la tierra”, rezaba una de las estrofas de la potente “En la ciudad de la furia”, tema musical que Gustavo Cerati compuso allá por 1988, cuando con Soda Stereo tocaba el cielo con las manos, arrasando y fabricando éxitos por toda Latinoamérica, éxitos que aún hoy resuenan en el imaginario musical de muchas generaciones. En aquel entonces, la tierra parecía estar lejos para Gustavo, Charly Alberti y Zeta Bosio. Es que inmersos en giras maratónicas y flashes, este trío que se conoció en 1982, comenzaba a escribir un pedazo de la historia del rock latinoamericano.

No se puede pensar a Soda Stereo sin Charly ni Zeta aunque el alma mater, por su carisma, voz y talento, era Gustavo. Era él quien se ponía al hombro la fructuosa tarea de componer letra y música, era él, ese ángel eléctrico capaz de hacer vibrar cuando sus manos acariciaban la guitarra, capaz de hacer volar a quienes se deleitaban con sus acordes, con su música. Sin dudas lo sabía. Y por eso se embarcó a dar sus pasos como solista.

No se trata de vanagloriar ni endiosar a un hombre que de convencional no tenía ni un pelo; es más que eso, es perpetuar un recuerdo individual que se colectiviza. La imagen que cada ser tiene de Gustavo en su memoria se inmortaliza como un ícono de la música latinoamericana y esa misma imagen, tan personal y subjetiva, rompe barreras espaciales y generacionales y se expande indeterminadamente. Esto es así, sin lugar a dudas. Al menos sin dudas que no puedan despejarse con deleitarse con uno de sus discos.

Mientras editaba con Soda, Dynamo, el disco más experimental de la banda, Gustavo hacía lo propio en solitario: lanzaba al mercado Amor amarillo. Quizás el trabajo que más lo identificó en su carrera musical, el más personal. Es que en él no sólo hizo cantar a Cecilia Amenábar, la modelo chilena que había conquistado su corazón, sino que también le dedicaba un tema a su hija por nacer: Lisa. La música dejaba de ser ligera, los sonidos tomaban otras formas y se concentraban en discos como Bocanada o Siempre es hoy, de carácter más intimista, mezclando lo clásico con la guitarra, con los artefactos. Cerati marcaba un estilo y una tendencia dentro del rock alternativo, a la par que seguía cosechando seguidores en toda la región. Sin embargo, algunos pedían que vuelva su costado más rockero y por eso en 2006, lanzaría Ahí Vamos, su trabajo más comercial.

En mayo del 2010, en plena gira de presentación del disco, Gustavo sufriría un ACV. Nadie ignoraba los excesos a los que se sometía Gustavo, ni mucho menos se desconocían los riesgos que ellos acarreaban. Sobre todas las cosas, nadie es capaz de olvidar los larguísimos cuatro años de incertidumbre, de esperanza titubeante, de miedo, de tristeza, de homenaje, de revalorización, de bronca, de pena, de música, de inmensidad, de almas inmersas en un mismo deseo. Sin embargo, la memoria colectiva es ingenua y condescendiente en muchos casos, y en un mimo a la sensibilidad se había permitido almacenar los recuerdos en los que el mítico Cerati resplandecía, encandilaba con su talento, con su versatilidad e incluso con su innata sensualidad.

Quizás ese Gustavo que sucumbía ante los encantos de la fama con Soda no era el mismo que acariciaba el fin de la existencia humana. Pero de que se valen las especulaciones si no se puede cambiar el destino. Trascender, ese era el destino de Gustavo. Lo hizo por medio de su música y aun habiéndose despedido del mundo terrenal, lo hace volviéndose infinito, despertando la curiosidad de quienes no se habían tomado la molestia de escucharlo, de quienes lo prejuzgaban y continuando resonando por siempre entre sus fans, los que crecieron junto a Soda, los que lo descubrieron mucho después.

Es así como un “gracias por venir” se torna eterno y masivo al evocar al maestro. Es un agradecimiento mundial, en el que se unifican voces, ideologías, miradas, situaciones muy distintas, incluso contrapuestas. El contexto es indistinto al momento en que suena la inconfundible voz de Cerati, la gratitud es genuina y aúna racionalidad, emocionalidad y musicalidad. No, no es mera idolatría. El reconocimiento es dirigido a alguien de carne y hueso. No obstante, no hay manera de negar que Gustavo era un hombre especial, iluminado, alado, virtuoso, o un sinfín de adjetivos aplicables. “No es soberbia, es amor”, y por este amor incondicional puede entenderse que entre 2010 y 2014 atravesó el temblor, su temblor, el que venía esperando y para el que se había preparado. Y sin más, cuando acabó por decisión de vaya uno a saber que fuerza poderosa, despertó.

Sí. Despertó. Porque, tal vez todo el mundo está un poco adormecido en este plano terrenal y banal y él lo traspasó en todo sentido. O a la inversa, logró que cada ser se despertara, que abriera los ojos. Sea como fuere, la marca de GC está en toda persona atravesada por su música.

No hay manera de no recaer en que no se trata de una mera idolatría. Es atroz la simple idea de reducir a Cerati en un fetiche. Ciertamente, era humano, sangraba, lloraba, reía y sentía como cualquiera. Equilibrio, ¿se tratará de eso? De apreciar y guardar en cada uno lo mejor de Gustavo, sin dejar de lado que era un hombre, un hombre alado, a quien vaya si se lo extraña en la tierra.

Camila Escobar > @CamiEscobar21        

Florencia Laborda > @FlorLaborda

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