Mario Raimondi en Casi Todos

Dispuesto a quebrantar tabúes, prejuicios y estereotipos sociales, pasó por la Wox FM un invitado diferente. Mario Raimondi, co fundador de El Desafío, una organización sin fines de lucro que apunta al desarrollo de los jóvenes e incentiva la participación ciudadana, creada en 2005; cuando él tenía 26 años y su co fundador, Jorn Wemmenhove apenas 21.

Mario Raimondi
Ph. Luli Van Lierdi

¿Qué te motivó en aquel momento  a empezar a trabajar con El Desafío?

Fue algo que fluyó naturalmente. Tanto Jorn como yo teníamos sensibilidad social y ganas de involucrarnos en distintos temas que conmueven al mundo en general. Yo estaba viviendo en Holanda cuando en 2001 vine de vacaciones y viví todo ese desastre de aquel diciembre. ¡Era mi país de origen, mi país nativo! Notamos que había unas ganas de la gente de involucrarse, de participar y de ser un poco más activos en lo que estaba pasando en el país.

¿Qué hacías de tu vida hasta ese momento?

Había sido jugador de Hockey, en contra de todo mi entorno, a excepción de mi familia, que me decía: “no vas a vivir de eso”. Después fui entrenador de hockey, por un par de contratos con algunos clubes me fui a vivir a Holanda. Allí comienzo a trabajar en una empresa en el área de marketing deportivo, que era lo que yo había estudiado aunque me fui antes de recibirme. Y siempre estuve involucrado en temas que me interesaban en cuanto al desarrollo juvenil  y el trabajo con chicos, pero siempre desde el lado del deporte. Y todo el grupo con el que iniciamos todo esto venia del lado del deporte, así que del trabajo social sabíamos poco.

Ustedes distinguen dos ejes de trabajo, uno de trabajo comunitario para familias en situación de vulnerabilidad y otro de programas que buscan abrir la mentalidad de los no excluidos; tarea difícil…

Sí, es un desafío. No por nada se llama así la fundación. Ese segundo eje busca estimular el pensamiento crítico de la población que no está en situación de pobreza ni de exclusión pero nosotros entendemos que, día a día, decide qué país queremos tener. Entonces, ¿Cómo haces vos para hacerle notar a un ciudadano común de que es parte del problema, del cual tanto se queja, sin que se enoje?  Te imaginas que si fuéramos por la calle y le mostramos a cada uno que estaciona en doble en fila que hace un desastre y que está afectando a otros o a cada uno que tira un papel en la calle que se tapan las bocas de agua; la situación sería bastante hostil.

Buscamos otra manera de que la gente se empiece a preguntar cuál es su rol, como actúa y que actitudes tiene con respecto a ciertas cosas que son públicas. Dentro de esas innovaciones que buscamos que son bien disruptivas y que buscan romper estructuras, una de las cosas que hemos hecho, que ha tenido mucha atención, fue el proyecto de las mini bibliotecas públicas. Son unas casitas muy lindas y pintorescas que ponemos en distintos sectores de la ciudad, parques y esquinas, adentro hay libros. Se encuentran en Parque Urquiza, Parque de las Colectividades, en Cerrito y Corrientes, Moreno y Saavedra, en Alberdi, en Funes y próximamente instalaremos más.

Dueño  de una seguridad y fluidez admirables, Mario nos comentaba el impacto de las mini bibliotecas: conectar. Es uno de los pilares de su pensamiento: empezar por las pequeñas y cotidianas transformaciones, como lo pueden ser las charlas que se originan frente a las casitas de libros. “El sentido de comunidad”, “recuperar la confianza en el otro”  nos decía con aires de esperanza.

 La fundación lleva su acción también en Holanda y vos has viajado mucho, ¿Cómo describirías a Argentina en cuanto a la actitud de lo colectivo? ¿Somos egoístas?

Somos desconfiados. Lo asocio totalmente con el marco en el cual estamos viviendo. El ser humano en general tiene una adaptabilidad monstruosa a distintos marcos. Por ponerte un ejemplo, el mismo tipo que tira un papel en la calle, quizás tiene la suerte de viajar a Europa o a Estados Unidos y 14 horas después de un vuelo en avión no te tira ni un papel. ¿Por qué? Porque el marco cambió. Esa persona sabe que hay otras normas en ese otro lugar y se adapta fácilmente.

Acá lamentablemente, hay una norma violenta que hemos naturalizado. Y no hablo de violencia física solamente, sino en la violencia de cómo nos tratamos, la que genera el hecho de que haya gente viviendo en situación de pobreza. En muchos niveles estamos viviendo mucha violencia. Pasan cosas que están mal y no hay una respuesta de ningún tipo. Entonces, en ese marco, tomamos la actitud de sálvese quien pueda, me preocupo nada más por mí y por mi grupo cercano. Los argentinos somos muy protectores de nuestra familia y amigos, en ese sentido somos de fierro, pero salimos de ese primer grupo y ya empezamos a desconfiar.

¿En Holanda aplican los mismos programas?

No. Tenemos una personería jurídica en Holanda pero no tenemos ningún tipo de programa de acción allá. Recaudamos fondos para volcarlos a los programas de acá, intercambiamos conocimientos con muchas ONG y actores distintos que nos puedan ayudar a pensar que es lo que estamos haciendo y, por supuesto, promocionamos nuestro trabajo porque en Holanda no se sabe básicamente que Argentina tiene los problemas que tiene.

Están llevando adelante distintos talleres,  ¿en que consisten?

Tenemos 17 talleres en este momento y son alrededor de 180 chicos de entre 7 y 18 años que participan. Tienen que ver con el deporte, arte, baile, programación, nutrición. Mas allá de los talleres que elijan y la disciplina que se está utilizando, todos los talleres buscan desarrollar las habilidades de vida de los chicos, porque creemos que la pasión, los talentos y los dones que tienen cada una de las personas tienen que ser explotados para que nos beneficiemos todos. Bueno, en mi experiencia personal, por ejemplo, me dijeron toda la vida que no hiciera hockey y mira donde me llevo hacerlo.

Entonces no se trata de que en un taller de fútbol el chico esté pateando mejor o peor la pelota o sepa hacer una gambeta sino de que haya aprendido a manejar su frustración, a persistir, a trabajar en equipo, a colaborar. En un taller de danza desarrollas un montón de otras habilidades como a seleccionar, a discriminar positivamente, a perder ciertos miedos. Son habilidades de vida que todos los seres humanos necesitamos para desarrollarnos y que enfrentamos toda la vida.

Es bueno darles ese tipo de incentivos a los jóvenes con menores posibilidades…

Sí. De todas maneras, creo que eso es transversal a toda la juventud y por eso nosotros hablamos mucho de desarrollo juvenil. Si tenemos un foco en aquella juventud que está en situación de pobreza y exclusión porque creemos que son agentes de cambio. Trabajamos con ellos como una estrategia de cambio social a gran escala. No son ni beneficiarios ni reciben asistencia sino que son posibles personas que pueden generar un cambio.

El término “solidaridad” parece no estar en el vocabulario de Raimondi, al menos no para hablar de su labor. Él habla de decisión, de factores de cambio, de ideas, de unión, de justicia, de democracia, de interacciones; y lo hace con gran convicción, como quien sabe que va por el camino correcto.

El Desafío está llevando adelante una campaña llamada Más 400, ¿de qué se trata?

Una de las cosas que hacemos para financiarnos es buscar inversores sociales, como les llamamos nosotros, que son las personas que nos donan $50 o $100  por mes con débito automático. Estamos buscando 400 nuevos inversores hasta el 6 de septiembre. Y aquellos que se sumen de acá a esa fecha participan por sorteos semanales, de cenas, desayunos, gentilezas de empresas y comercios amigos. Y al fin de la campaña se sortea una bicicleta reciclada.

El Desafío no recibe fondos del Estado, ni subsidios. Por política propia no queremos. Tampoco estamos relacionados con partidos políticos ni religiones. Así que nos financiamos con los inversores sociales, a través de eventos que hacemos nosotros mismos, juegos de hockey, cenas a beneficio, merchandising, y a través de algunas empresas y fundaciones que nos donan dinero para sostener los programas. Pero lo que más queremos es que haya más inversores sociales, que sean muchos ojos los que nos estén mirando, controlando y también exigiendo. Cuando vos tenes que dar cuenta de lo que haces está bueno porque enseguida te mantiene en línea y es un sistema de control interesante.

Además es una forma de participación que tienen los que quieren colaborar pero dicen “no tengo tiempo” o “no sé cómo hacerlo”. Es una propuesta interesante.

Es casi simbólico. A esta altura, $50 son dos café en jarrita. Es muy poco dinero el que estamos pidiendo y el impacto es enorme. Nosotros tenemos reglas de eficiencia y transparencia muy altas, así que la verdad que aseguramos que vaya dirigido a un impacto positivo.

Quizás no sea mucho pero en la unión está la fuerza…

Exacto. Así que la meta es alcanzar los 400. Para hacerlo la gente se tiene que meter en nuestra página web que es www.eldesafio.org y dejan los datos en un formulario totalmente seguro, es con tarjeta de débito o crédito y automáticamente empiezan a colaborar.

¿Notas que la juventud tiene inquietud por participar?

Nosotros notamos una alta participación pero no solo de la juventud sino de un montón de gente con ganas de trabajar e involucrarse en proyectos serios, de manera honesta y comprometida. Asimismo, no solo los participantes de los programas son jóvenes, sino que nuestro equipo, más o menos 40 personas entre voluntarios y personal contratado, son todas personas muy jóvenes y con mucha frescura en su mente.

Creo que lo único que se necesita es generar esos espacios para que la gente se acerque. Las ganas están, muchas veces no se sabe dónde participar o los espacios existentes quizás no los contienen. No todo el mundo quiere participar en un partido político y está fenómeno.

El Desafío está nominado a un premio importante, son los únicos de Argentina…

Si, Beyond Sport son unos premios que celebran la utilización del deporte como herramienta del cambio. Todos proyectos u organizaciones de todas partes del mundo presentan sus programas en distintas categorías. Nosotros nos presentamos en “deporte para la inclusión social” .

Bueno, un jurado de honor elije a los finalistas y sobre ellos elije un ganador en una cumbre de tres días que se realiza en Londres en octubre. Obviamente estamos invitados y vamos a representar a El Desafío y Argentina. Somos la primera organización  de Rosario que llega a esta instancia. Es un reconocimiento lindo. Estas cosas son más puntos de partida que líneas de llegada. Te hacen repensar y tomar más energía, pensar en el futuro y en las responsabilidades que tenes encima. Te hace pensar que estamos para más.  

“Si yo bajo los brazos soy funcional al problema y no quiero darle ese gusto al problema”, Mario recordaba la frase que no solo ha dicho en más de una ocasión sino que también le sirve para brindarle un “sentido de propósito muy profundo” a su labor. El desafío, entonces, es comprender que está todo conectado, que es parte de la construcción y el crecimiento de una sociedad sólida y afianzada participar activamente de la vida colectiva del país.

Escuchá la entrevista acá:

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